Busca equilibrio entre portabilidad y calidad: grabadora confiable, micrófonos que conozcas, suspensión eficaz, protección contra viento, cables cortos, auriculares cerrados, y un trípode ligero. Añade agua, guantes finos, cinta adhesiva y un cuaderno. Quita lo superfluo; tus hombros y tus oídos te lo agradecerán.
El sonido cambia con cada brisa. Consulta modelos de viento, isobaras y ráfagas, y elige madrugadas calmadas o tardes tras la lluvia. Identifica ventanas acústicas en collados abrigados y sombras del relieve. Ajusta horarios al amanecer; la vida canta primero que nosotros.






Una mañana, un frente giró de golpe y el bosque de alerces se volvió instrumento. Cubrimos micrófonos, bajamos ganancia y buscamos sotavento tras una roca. El restallido de agujas, grave y granular, escribió un pasaje que nunca hubiéramos imaginado sentados en casa.
Pedimos permiso al pastor, caminamos abiertos y lentos, y las campanas comenzaron a modular contra las paredes del valle. Grabamos desde lejos para respetar al rebaño, y al movernos surgieron batidos deliciosos. La cordialidad humana mejoró la toma y la caminata entera.